miércoles, 1 de junio de 2011

Marta no es como las demás. No le gusta hablar de chicos en el instituto, ni mandar notitas en clase a sus amigas.
Marta es ella, igual en todas partes. Respira el mismo aire en cada uno de los ocho planetas del Sistema Solar.
Marta revolucionó Torrevieja con su sonrisa de gato, con su forma de ponerse el pelo detrás de la oreja. Marta engatusa con la mirada, con sus palabras de hada.
Marta se podría pasar días, meses y años viendo cómo caen las hojas de las melias, observando cómo las nubes se crean, evolucionan y se deshacen en aguaceros. Le encantaría fotografiar cada centímetro cuadrado del Planeta Tierra aunque, por desgracia, le pertenece otra vida: la de estudiante de 3º de ESO. Pero será mejor que empiece por el principio, que en este caso está a miles de kilómetros de aquí...

Marta Staruk nació en una “cálida” tarde de octubre del 1995. Creció y vivió en Kiev hasta los 14 años.
Para entonces, yo tenía 23 años y ocupaba el número 37 de la calle Atenea. Un día en el que el aire olía a Mediterráneo, un camión de mudanzas frenaba enfrente del número 35. La puerta de atrás se abrió y de ella salió, de un salto, una chica de piel de nieve y pelo de oro.

lunes, 2 de mayo de 2011

(¿Todavía no conoces a Elsbeth y a su caja envuelta en papel de regalo color turquesa? Si quieres conocerlos, haz click aquí )


Un pendiente de plata con forma de estrella descansa sobre el falso terciopelo del que está forrada la caja. Elsbeth abre mucho los ojos, asombrada por el inesperado regalo. Lo coge delicadamente y se coloca enfrente del espejo para probarse el pendiente en su segundo agujero de la oreja derecha. Gira la tuerca con sumo cuidado y se acaricia el lóbulo inconscientemente. Sonríe al recordar aquel 26 de agosto dos años atrás, cuando Caterine, su madre, le dejó por fin hacerse otro agujero en la oreja.

Elsbeth está sentada sobre su cama con las piernas cruzadas, como los indios de sus novelas. La cajita baila entre sus manos. Un montón de preguntas la atormentan. ¿Quién le ha hecho este regalo tan... extraño? ¿Es alguien que ella conoce o que todavía tiene que conocer? ¿Habrá sido un primo del ratoncito Pérez quien ha dejado algo tan diminuto en su buzón?
Elsbeth descarta a sus amistades cercanas como posibles sospechosos, ya que con la mayoría de ellos ha pasado la tarde y los demás están de viaje. Además, a ella le basta con que le regalen una buena ración diaria de sonrisas y abrazos.
Pero... ¿ha sido casualidad que el papel de regalo sea del color favorito de Elsbeth? ¿También ha sido casualidad que en la caja hubiera sólo un pendiente? Obviamente, no. La persona que le ha hecho el regalo conoce bien a Elsbeth o, al menos, se ha informado sobre ella.
Elsbeth no tiene ni idea de quién ha podido ser.

Un torbellino de 10 años llamado Tommy se avecina por el pasillo para avisarle de que la cena está lista. Elsbeth se calza las zapatillas y se pone en pie de un salto. En la cocina la esperan sus padres que, probablemente, tengan un par de preguntas para su hija.

sábado, 23 de abril de 2011

Tras un agotador día de trabajo, la señora Caterine Anderson entra en el edificio “El Muro” de la calle Puerto Rico. En ese mismo instante y siete pisos más arriba, su marido, William McNeil, saca del microondas una buena ración de carne asada sobrante del mediodía.
Caterine, como siempre, revisa el buzón y se encuentra con un paquetito envuelto en papel de regalo turquesa. En lo que parece ser el lado superior hay una nota escrita con letra cuidadosa: Para Elsbeth. Caterine se queda embobada mirando el diminuto paquete que ahora está en la palma de su mano.
Un ruido del exterior hace que se sobresalte y vuelva al Planeta Tierra. Sube las escaleras preguntándose quién habrá dejado el pequeño regalo en su buzón.
Ascensor. Botón. Puertas. Ligero zumbido. Puertas. 7º B.
Sus dos hijos pequeños se acercan a recibirla.
– Nora, dile a tu hermana que venga inmediatamente. –Ordena Caterine a su hija.
Nora sale disparada al pasillo, directa a la habitación de su hermana. Nora se encuentra con la puerta entreabierta, por lo que decide llamar para evitarse la bronca de su hermana.
Toc, toc.
– ¿Qué quieres?
– Mami dice que vayas.
– Voy.
Elsbeth deja la novela que estaba leyendo sobre la cama y se calza las zapatillas de casa. Camina desganada hacia la cocina, donde supone que está su madre. Le sonríe y le da un beso.
– ¿Qué tal en el trabajo, mami?
– Bien... Toma, estaba en el buzón. –Caterine le entrega el paquetito a su hija.
Elsbeth se lleva el regalo a su habitación. Se acomoda sobre la alfombra y rasga con cuidado el papel turquesa.
Es una cajita... como la de las joyerías. La abre y dentro se encuentra...

lunes, 4 de abril de 2011

Dicen que siempre se van las mejores personas. Quizás tengan razón, o quizás sólo nos fijamos en las buenas que nos faltan.
De todas formas, nunca está bien que se vayan los genios. Y menos, si son jóvenes.



It's better to be hated for what you are, than to be loved for what you're not...

sábado, 19 de marzo de 2011

Para todos

Hoy, aunque casi sea un día como otro cualquiera, debéis agradecerle a vuestros padres que han estado allí, esperándoos en el hospital, mientras vosotros vivíais las primeras milésimas de segundo en este planeta. Debéis agradecerle todos esos enfados porque, como ya veréis en un futuro no tan lejano, os servirán de algo. Debéis agradecerle esas veces que se han quedado los 90 minutos del partido viéndoos jugar. Debéis agradecerle que os lleven a tantos lugares, que vayan con vosotros de compras (aunque lo detesten), que hayan ido a recogeros al instituto cuando llovía. Ese plato de comida cada día, esa habitación en la que duermes. Esa vida. Tu vida.
No puedo poner más ejemplos de las cosas que han hecho nuestros padres por nosotros porque, desgraciadamente, no conozco a todos.
No sólo os tenéis que acordar de ellos hoy porque “sea un día especial”.
No, todos, todos los días son buenos para agradecerles la existencia.
Y yo, que te conozco bien, lo he hecho de esta forma.



Te agradezco la Luna y más.

domingo, 13 de marzo de 2011

Cada mañana, a las nueve y media, se producía un hecho rutinario: su imaginación echaba a volar, escapándose del frío cielo de León. Pasaba las horas de clase girando su anillo de estaño en el anular derecho. Escuchaba sin demasiada atención a los profesores y nunca, nunca estudiaba. Los viernes por la tarde caminaba hasta su casa, cerca de la plaza de los cerezos. Los fines de semana estaba con su padre, un hombre mayor que trabajaba en la biblioteca municipal.

Vivía de la imaginación, de la fantasía, de los sueños, como todos. Su vida se basaba en leer, escribir y pasear. Odiaba su internado, y siempre decía que era una cárcel de niños. Le gustaban las novelas de misterio, los relatos de amor y la poesía, por este orden.
Era una joven sencilla, humilde y amable con todos, incluso con Clara, la persona más odiable del universo conocido. Adoraba la naturaleza; pasaba tardes de primavera viendo como los petirrojos picoteaban las migas del suelo, o acariciando cada pétalo que el viento arrancaba a los cerezos.
Había leído todos los libros de la biblioteca. Sólo su padre, la anciana Rosilda y ella habían conseguido hacerlo. Tenía alguno favorito, uno de ésos que lo lees hasta que las páginas se convierten en polvo.
Su sueño era vivir en una casita desde donde se oyera el mar, para intentar alcanzar el horizonte al asomarse a la ventana.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Querido Grisam:
aquí estoy, mirando por la ventana, esperándote. Algo me dice que volverás, que estarás aquí otra vez para correr por el jardín, para jugar con Naiman, para mancharme la nariz de nata, para coger las arañas que se crucen en mi camino y llevarlas al jardín, para buscar los caramelos que Vai y yo te escondemos, para regalarme las flores más bonitas, para despeinarme y para tirarnos juntos al lago desde el muelle.
Te quiero, Grim, y sé que volverás.

sábado, 26 de febrero de 2011


Y sabes que algún día se acabará, porque es como las estrellas.
Y ese día queda a varios años luz, porque es como las estrellas.

                                                                               Amor.