jueves, 2 de febrero de 2012

-¿Era esto lo que querías? ¿Era esto, Tom? Trocitos de corazones rotos pintados sobre papel y noches mágicas que no volverán a suceder. No firmamos un contrato, pero yo creía que nuestro amor sería eterno. Una historia demasiado bonita para ser cierta, ¿no? 
Risa irónica.
-Pues no te preocupes, aquí llega nuestro punto final. Y tenías razón, soy soñadora en exceso y espero demasiado de la gente.
Pausa.
-Ya he recogido todas mis cosas y ya estoy de camino a un lugar en el que me quieren de verdad. Borra mi número de la agenda y quema nuestras fotos de aquel fotomatón del metro. Y esa libreta con nuestros planes de futuro, ¿la recuerdas? Quémala también, por favor. Yo desapareceré de tu vida, lo prometo. No volverás a verme. Me evadiré de tus sueños y de tus pensamientos. Jamás volveré a ser parte de tu rutina. Porque, por mucho que lo intentemos, jamás volverá a ser lo mismo. Hasta nunca, Tom. Espero que la vida te trate tan mal como tú me has tratado a mí.
Botón rojo. Suspiro.

sábado, 17 de diciembre de 2011

¡Holahola!
Antes de nada, quiero pedir perdón por tardar taaanto en subir cosas nuevas, pero como es lógico, los exámenes y trabajos me han abducido durante estos meses. Mi tarro de inspiración está casi casi agotado, por eso hay tan pocos caramelos. Cuando consiga un poco de inspiración más, habrá noticias y sorpresas.
- PROMETO que el día 26 de diciembre (como muy tarde) subiré una foto nueva a mi Flickr. Mientras tanto, esto seguirá casi tan abandonado como hasta ahora.
- PROMETO que próximamente llegarán más noticias de Helen Copperfield (¿os acordáis de ella?)
"Helen no había muerto. Lo intuía. Tenía que seguir ahí, en alguna parte. Y viva."

¡Muchas gracias a todos por ser tan geniales! Siempre conseguís sacarme unas sonrisas enormes. ♥




LUNES, 28 DE ENERO DE 2012:
Siento que mis "próximamente" se vuelvan eternos. Siento que mi blog esté taaan abandonado. Siento que no suba nada desde hace siglos (Flickr, ídem).
Pero mi inspiración está bajo cero. ¡Y tengo ganas de escribir, muchas! Así que espero que todo esto mejore con febrero, e intentaré subir algunas cosas, aunque sean viejas.
¡Besos desde Plutón!

viernes, 28 de octubre de 2011

 Lo peor son las mañanas.
  Me despierto, busco su calor y, ¡bum! Él ya no está. Él ya no está conmigo. Las noches emborronan mi memoria, y me hacen pensar que mi vida comenzó cuando le conocí. Cada mañana, en cuanto abro los ojos, una realidad fría y dura me golpea el pecho y hace que me cueste respirar. A veces tengo tentaciones de suicidarme. No sería la opción correcta y yo no soy una cobarde, así que lo descarto rápidamente. Otras veces, mi cuerpo tiene más fuerza que mi cerebro y me dan ganas de golpear lo primero que se cruza en mi camino.
Pero, la mayoría de las veces, me quedo quieta en una esquina o junto a la ventana.
  Y lloro.
  Y tiemblo.
  Y los dientes me castañean, y me muero de frío a pesar de los 18ºC de septiembre. Entonces viene ella. Sabe que no me gusta que haga tanto por mí, pero ella viene y me tapa con una manta. No me dice nada; a veces me abraza o se queda a mi lado, pero nunca pronuncia una sola palabra.
  Tiene miedo de que cualquier cosa que me diga me recuerde a él y me ponga peor. Muchas tardes las paso sentada en un banco de la estación. Me siento, con una bufanda de lana tapándome la boca, la nariz y las orejas. La gente me suele mirar extrañada.
  Pero mi cuerpo es demasiado débil como para aguantar el frío, y los huesos se me entumecen a los minutos de salir al exterior. Las lágrimas se congelan antes de caer por mis mejillas y decido regresar a mi hogar.
  Y así todos los días. Cada despertar es una decepción. Y un golpe fuerte.
  Porque él ya no está. Él ya no está conmigo.

(Siento mucho no actualizar esto más a menudo, pero el frío ha congelado mi inspiración y desde hace tiempo sólo me salen palabras tan tristes como éstas.)

domingo, 25 de septiembre de 2011

Cuando llegaban los días que Luna llamaba “de caramelo” (porque el cielo se ponía de color piruleta al atardecer), mamá cambiaba las sábanas de franela por las de algodón. Decía que de noche tendríamos mucho calor y que siempre tirábamos las mantas. Abend ya no dormía sobre el edredón, a mis pies. Prefería el suelo de azulejo blanco, que estaba fresquito. Un día, Luna preguntó por qué los deseos se piden soplando a los dientes de león. Mamá no lo sabía, y yo tampoco. Ni siquiera el abuelo lo sabía. Creo que nadie lo sabe. Simplemente se hace y ya está.

Todas las mañanas, Luna y yo salíamos al portal del jardín en pijama, despeinadas y descalzas para recoger la bolsa del pan que el señor Martín, el panadero, dejaba colgada en la puerta. A veces la hierba estaba mojada por el rocío y luego mamá decía que era normal que nos resfriáramos. Después subíamos a vestirnos y lavarnos. El agua estaba muy fría y Luna se escaqueaba a menudo de lavarse la cara. Abend nos esperaba al lado de la escalera y nos acompañaba el resto de la mañana cuando íbamos a pasear.
Pasábamos media mañana en el parque que está al lado del río, ése que tiene un montón de margaritas y dientes de león alrededor. Jugábamos en el columpio, hacíamos coronas con flores, metíamos los pies en el agua y bailábamos en la hierba. A mí me gustaba que Abend se tumbase en mi vestido y a él le gustaba que lo acariciase. Sus ojos verdes brillaban mucho más al sol, y hacían contraste con su pelo negro.
Papá nos llevaba a pescar los domingos. Me gustaba coger los gusanitos y ponerlos en el anzuelo, pero a la vez me daban pena. ¡Pobrecitos! ¡Seguro que duele un montón clavarse un anzuelo! A veces no pescábamos nada, pero nos lo pasábamos muy bien. Una vez, un pez muy muy grande casi tiró a Luna de la barca. Menos mal que papá es muy fuerte y la ayudó. Era una trucha y tenía escamas de colorines. Papá dijo que era una trucha arco iris, aunque yo no entiendo mucho de peces.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Los días no son lo mismo sin ti.
Ni siquiera el sol brilla con la misma intensidad, ni los niños corren y gritan tanto como antes. El panadero ya no me desea un buen día, quizás porque sabe que no lo tendré. Apenas salgo más allá del portal, y bajo sólo para recoger las cartas de Daniela. Las lágrimas se me congelan antes de caerse en el vacío tras deslizarse por mis mejillas.
Mi vida es ahora una película en blanco y negro, y el sonido de la lluvia golpeando las lápidas de granito se ha convertido en mi banda sonora. Han pasado ciento ochenta y tres días desde que duermo sola en nuestra cama. La casa carece ahora de aquella luz y aquel calor acogedor que tú aportabas.
Creo que sé lo que haré ahora: rendirme. Me quedaré aquí, tumbada, sobre los azulejos fríos y blancos como la nieve que se amontona a ambos lados de la puerta, y esperaré a que el aire deje de llegar a mis pulmones.




(Este verano he abandonado a mis caramelos azules y me he centrado muchísimo más en la fotografía (podéis comprobarlo en mi Flickr). Pronto veréis novedades y (bastantes) cambios aquí.)

viernes, 1 de julio de 2011

Cuando la conocí, a decir verdad, me pareció un poco distante al Planeta Tierra, aunque era amable y simpática. Después nos hicimos amigas y, más tarde, inseparables, todo gracias a las reuniones del Club de los detectives de Llanrhystud.
Su mirada, esa que expresaba sus sentimientos de manera sencilla, se veía raramente inundada por agua salada proveniente de sus lacrimales. Ésto sólo ocurría cuando estábamos solas, ya que Helen se hacía más dura de lo que ya era y eso se le daba muy bien. Delante de los chicos imbéciles como Robert Schnabel mostraba su amplio conocimiento de insultos, ironías, metáforas y demás, y para mí guardaba un puñado de su escasa realidad. Tengo que admitir que envidiaba la libertad que Helen poseía, porque a veces mis padres me encerraban con los libros de texto en mi cuarto.
Helen solía ser muy amable o muy borde con todo el mundo, aunque lo que nunca le faltaba era educación. Helen era la persona más educada que conocí en mi vida: saludaba siempre a sus vecinos y conocidos, era agradecida con todos (incluso con el panadero, que es un gruñón y siempre está enfadado) y sobretodo, respetaba a todos los seres vivos de la zona (exceptuando a los de la pandilla de Schnabel). Le encantaban los gatos, los petirrojos y los sauces, por este orden.

Helen se fue un día de primavera. Cuando su madre fue a su cuarto para despertarla, su cama estaba vacía. Todos la buscamos durante días, semanas y meses, pero Helen no apareció. Una mañana lluviosa de octubre, la policía decidió dejar de buscar a Helen Copperfield y la dio por muerta.

miércoles, 1 de junio de 2011

Marta no es como las demás. No le gusta hablar de chicos en el instituto, ni mandar notitas en clase a sus amigas.
Marta es ella, igual en todas partes. Respira el mismo aire en cada uno de los ocho planetas del Sistema Solar.
Marta revolucionó Torrevieja con su sonrisa de gato, con su forma de ponerse el pelo detrás de la oreja. Marta engatusa con la mirada, con sus palabras de hada.
Marta se podría pasar días, meses y años viendo cómo caen las hojas de las melias, observando cómo las nubes se crean, evolucionan y se deshacen en aguaceros. Le encantaría fotografiar cada centímetro cuadrado del Planeta Tierra aunque, por desgracia, le pertenece otra vida: la de estudiante de 3º de ESO. Pero será mejor que empiece por el principio, que en este caso está a miles de kilómetros de aquí...

Marta Staruk nació en una “cálida” tarde de octubre del 1995. Creció y vivió en Kiev hasta los 14 años.
Para entonces, yo tenía 23 años y ocupaba el número 37 de la calle Atenea. Un día en el que el aire olía a Mediterráneo, un camión de mudanzas frenaba enfrente del número 35. La puerta de atrás se abrió y de ella salió, de un salto, una chica de piel de nieve y pelo de oro.

lunes, 2 de mayo de 2011

(¿Todavía no conoces a Elsbeth y a su caja envuelta en papel de regalo color turquesa? Si quieres conocerlos, haz click aquí )


Un pendiente de plata con forma de estrella descansa sobre el falso terciopelo del que está forrada la caja. Elsbeth abre mucho los ojos, asombrada por el inesperado regalo. Lo coge delicadamente y se coloca enfrente del espejo para probarse el pendiente en su segundo agujero de la oreja derecha. Gira la tuerca con sumo cuidado y se acaricia el lóbulo inconscientemente. Sonríe al recordar aquel 26 de agosto dos años atrás, cuando Caterine, su madre, le dejó por fin hacerse otro agujero en la oreja.

Elsbeth está sentada sobre su cama con las piernas cruzadas, como los indios de sus novelas. La cajita baila entre sus manos. Un montón de preguntas la atormentan. ¿Quién le ha hecho este regalo tan... extraño? ¿Es alguien que ella conoce o que todavía tiene que conocer? ¿Habrá sido un primo del ratoncito Pérez quien ha dejado algo tan diminuto en su buzón?
Elsbeth descarta a sus amistades cercanas como posibles sospechosos, ya que con la mayoría de ellos ha pasado la tarde y los demás están de viaje. Además, a ella le basta con que le regalen una buena ración diaria de sonrisas y abrazos.
Pero... ¿ha sido casualidad que el papel de regalo sea del color favorito de Elsbeth? ¿También ha sido casualidad que en la caja hubiera sólo un pendiente? Obviamente, no. La persona que le ha hecho el regalo conoce bien a Elsbeth o, al menos, se ha informado sobre ella.
Elsbeth no tiene ni idea de quién ha podido ser.

Un torbellino de 10 años llamado Tommy se avecina por el pasillo para avisarle de que la cena está lista. Elsbeth se calza las zapatillas y se pone en pie de un salto. En la cocina la esperan sus padres que, probablemente, tengan un par de preguntas para su hija.